¿Es la marihuana adictiva?

En la década de los años 1970 se discutió e investigó mucho acerca de la capacidad adictiva de la marihuana. Se tendió a plantear que causaba dependencia psicológica, pero no fisiológica, lo cual llevó a que por un tiempo se le quitara importancia al valor adictivo de la marihuana. Sin embargo, en ese entonces había un problema con la definición de adicción. En las últimas décadas el concepto de adicción ha evolucionado de manera importante, dejando de enfatizarse los cambios fisiológicos propios del síndrome de abstinencia, para focalizarse en la pérdida de control que produce el consumo de las sustancias. Es la conducta del sujeto la que nos permitirá realizar un diagnóstico.

Hoy en día, desde un punto de vista científico, hay total acuerdo de que la marihuana puede ser adictiva, tal como lo puede ser también el alcohol. Esto significa que la persona que consume la marihuana de manera frecuente sí puede hacerse adicto a ella, y tener dificultades importantes para poder dejarla por un período prolongado (más de 6 meses). Además, hay que tener en cuenta que el nivel de THC que contiene la marihuana que se comercializa en la actualidad es mucho más alto que el que contenía la marihuana hace dos o tres décadas, debido al manejo genético que se ha realizado en el cultivo de las plantas.

Dejar la marihuana, ¿o no dejarla?

Tratamiento de adicción ¿ se requiere una internación?

Mi hijo fuma marihuana ¿me preocupo o estoy exagerando?

Esta es una pregunta que muchas veces surge en los padres. El consumo de marihuana se ha ido normalizando en los últimos años, lo que ha llevado a que se pierda la percepción de riesgo por parte de los adolescentes y adultos jóvenes. Sin embargo, la marihuana es una sustancia capaz de producir adicción en la medida que se la consume de manera frecuente. Los jóvenes muchas veces argumentan que no produce dependencia física, sino que sólo psicológica, por lo que no habría riesgo de hacerse adicto a la marihuana. Ese es un argumento de una discusión que se tuvo a nivel científico en la década de los años 1970, pero que ya está resuelta hace mucho tiempo. La marihuana sí puede producir adicción, al igual que el alcohol. Obviamente no la produce «necesariamente», como tampoco el alcohol. El tema es entonces poder distinguir entre un consumo de marihuana problemático o riesgoso, de uno simplemente recreacional. Para poder hacer esta distinción a grandes rasgos, de manera de saber si consultar o no, se puede tener en consideración los siguientes criterios:

a) en un menor de 18 años, el consumo de marihuana siempre será riesgoso. Esto debido a que antes de esa edad el cerebro en desarrollo es muy flexible, lo que aumenta la probabilidad de desarrollar una adicción.
b) un consumo regular, al menos de una vez por semana, es riesgoso, ya que es una frecuencia que aumenta la probabilidad de desarrollar una adicción.
c) si los padres notan cambios que ellos piensan puedan tener que ver con el consumo de marihuana, es muy probable que tengan razón. Estos cambios pueden ser una pérdida de motivación, baja de notas en el colegio o universidad, cambio de amigos, cambios en la «forma de ser», defensa activa del consumo de marihuana, etc. En este sentido, los padres son los que mejor conocen a sus hijos y deben confiar en su intuición. Es decir, hay que perder el temor a estar exagerando. No hay que olvidar que mientras antes se consulte más fácil será salir del problema y éste tendrá menos consecuencias.

Dejar la marihuana, ¿o no dejarla?

Tratamiento de adicción ¿ se requiere una internación?

Alcoholismo

Muchas veces se piensa que una persona alcohólica es una persona que toma todos los días, desde la mañana o el mediodía, y que ha perdido el trabajo y la familia. Sin embargo, esta es una situación extrema, que se ve en muy pocas ocasiones. Generalmente, una persona alcohólica lleva una vida aparentemente normal, pudiendo trabajar y ser parte de una familia. Y no sólo eso. También puede no tomar todos los días, y cuando toma, puede no hacerlo siempre excesivamente. Más aún, puede dejar de tomar por períodos de semanas e incluso meses, sin mucha dificultad. ¿Qué nos hace decir entonces que una persona es alcohólica?

El alcoholismo, al igual que otras adicciones, se puede definir por una falta de control sobre el consumo. Sin embargo, esta falta de control no es total. Es decir, no es que la persona se ponga a tomar siempre que pueda y no pare más. Lo que ocurre en realidad es que hay una lucha entre los deseos de tomar y la conciencia de que no debería tomar tanto. O sea, si la persona se lo propone firmemente puede perfectamente tomar menos o no tomar dependiendo de la ocasión. Lo que es seguro es que finalmente habrá episodios en que toma más de lo conveniente y esta tendencia se mantendrá en el tiempo. Esto es desconcertante para la familia y para él mismo, lo que lleva a dudar de si realmente tiene o no un problema. Esta duda puede extenderse en el tiempo pasando años sin que se consulte.
Dado que el alcoholismo funciona de ese modo, siempre habrá razones que se pueden dar para intentar justificar el consumo y concluir que no se tiene un problema. Así, es habitual escuchar cosas como

“no soy un alcohólico porque
…no tomo en las mañanas
…no tomo todos los días
…tomo sólo los fines de semana
…no siempre que tomo me curo
…he pasado semanas sin tomar
…me va bien en el trabajo
…tomo sólo cerveza (o vino)
…no molesto a nadie
… paro cuando quiera
…tomo porque me controlan
…etc”

Por supuesto, todas estas razones no logran convencer totalmente a la persona misma ni a la familia, pero logran crear un manto de duda que lleva a no tomar acciones para solucionar el problema realmente.
El diagnóstico de alcoholismo, entonces, es sutil y muchas veces no tan obvio. Sin embargo, cuando a la persona o a la familia se le pasado por la cabeza la pregunta “¿será (e) alcohólico?”, lo más probable es que lo sea. Se puede confiar en eso.

Una vez que la persona con el problema, o su familia, se convencen de que hay un alcoholismo, es posible comenzar un proceso de tratamiento. El tratamiento es perfectamente posible, y dejar de tomar es bastante menos difícil de lo que se piensa antes de hacerlo. Los beneficios se comienzan a ver muy rápidamente, y lo que parecía un problema insoluble por años o décadas se logra resolver. Si es la familia la que tiene la claridad y no aún el potencial paciente, puede consultar la familia sola inicialmente para elaborar una estrategia que permita abordar el problema de manera efectiva.

Dejar el alcohol ¿o no dejarlo?

Tratamiento de adicción ¿ se requiere una internación?

Tricotilomanía

Se llama tricotilomanía a la pérdida de cabello por las ganas de tirarlo y retorcerlo hasta que se desprende. Los pacientes son incapaces de detener este comportamiento, incluso aunque su cabello se vuelva más delgado. En general se intenta esconder la conducta, a pesar de que los familiares se dan cuenta de que esto está sucediendo, aunque muchas veces sin dimensionarlo. Muchas veces la persona piensa que es la única que hace esto, sin darse cuenta que es un fenómeno más común de lo que se piensa. Esto lleva a que viva el problema con mucha culpa y vergüenza, lo que muchas conduce a estados depresivos y dificulta la consulta. Se piensa que puede afectar hasta el 4% de la población, teniendo las mujeres una probabilidad 4 veces mayor de resultar afectadas que los hombres.

Los síntomas generalmente comienzan antes de los 17 años. El pelo puede perderse por parches redondos o a lo largo del cuero cabelludo, lo que causa un efecto de apariencia desigual. La persona se puede arrancar otras áreas de cabello, como las cejas, las pestañas y el vello corporal.

Las causas de este fenómeno son desconocidas. El tratamiento consiste en que la persona vaya tomando una decisión de cambiar la conducta. En la medida que la conducta se detiene, la persona será crecientemente más capaz de controlarla, ya que el anclaje biológico va poco a poco perdiendo fuerza. Así se va instalando un círculo virtuoso que permite la recuperación. En ese sentido, esta es una conducta que funciona de un modo similar a la adicción a sustancias.

Si en el proceso de tratamiento se involucra a uno o más familiares las probabilidades de éxito aumentan considerablemente. Si un familiar está preocupado porque ve que su pareja, hija (o) o hermana (o) padece de tricotlomanía puede consultar primero solo con el fin de elaborar una estrategia que lleve a que la persona con el problema consulte. Este es un problema que normalmente requiere tratamiento para mejorarlo, ya que de otro modo se va volviendo crónico.

Más información en https://tricotilomaniachile.cl

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Adicción a la cocaína

La cocaína produce efectos extremadamente placenteros, de forma inmediata, y que tienen una breve duración en el tiempo. La persona que la consume se siente más energético, se produce supresión de la necesidad de dormir y se reduce la sensación de hambre. Los efectos psicológicos incluyen una sensación de bienestar y un sentido grandioso de poder y capacidad mezclados con ansiedad e inquietud. También se puede producir paranoia más o menos intensa, incluyendo la celopatía. En la medida que se deja de estar bajo los efectos de la droga, estas sensaciones temporales de grandeza se convierten en depresión intensa, en malestar general, pudiendo sentirse la necesidad de dormir por varios muchas horas.

La cocaína es una sustancia altamente adictiva. Los estudios en animales han mostrado que los animales trabajan muy duro (presionan una barra más de 10.000 veces) con una sola inyección de cocaína, prefieren la cocaína a la comida y al agua, y toman cocaína inclusive cuando se les castiga este comportamiento. Hay que limitarles el acceso a la cocaína para evitar que tomen dosis tóxicas o inclusive letales. La gente adicta a la cocaína se comporta en forma similar. Hacen cosas extremas para conseguir la cocaína y la siguen consumiendo inclusive cuando les perjudica el desempeño académico o laboral, o deteriora fuertemente las relaciones familiares.

Si bien la cocaína es una sustancia especialmente adictiva, el tratamiento es similar al de otras adicciones. En la mayoría de los casos no es necesario la hospitalización o internación, ya que en general el síndrome de privación no es tan intenso. Lo que casi indispensable es que el tratamiento sea apoyado por uno o más familiares, que ejercerán una labor de apoyo y control. En la medida que la persona deja de consumir la cocaína, en un tiempo relativamente breve vuelve a tener un comportamiento cercano a lo normal, que permite que se reestablezca una conversación razonable.
En muchas ocasiones la persona que está consumiendo cocaína no logra pedir ayuda por cuenta propia. En estos casos es muy importante que sean los familiares los que consulten en primera instancia, sin el paciente, con el fin de establecer una estrategia que permita traer a la persona con el problema a la consulta. En la medida que hay un grupo familiar dispuesto a apoyar, el pronóstico es muy bueno, independientemente de la gravedad de la situación.

Tratamiento de adicción ¿ se requiere una internación?

Tratamiento de adicción ¿ se requiere una internación?

¿Por qué cuesta tanto que la persona con adicción al alcohol o drogas pida ayuda?

En la persona que está con una adicción coexisten dos posiciones contradictorias: por un lado sabe que está mal y que requiere hacer un cambio y, por otro lado, no logra tomar una decisión para realmente reconocer el problema y hacer algo.
En entrevistas realizadas a pacientes que llevan algunos meses de tratamiento, estos relatan la situación de la siguiente manera:

“‘Hay algo aquí que no está cuajando, hay algo aquí que’ […] y entonces cuando llegaba a la casa doblado, con ella, de algún carrete, y al día siguiente no me hablaba [la señora], y yo decía ‘estoy cagado, nunca más’, estaba bien dos, tres semanas, a la otra semana… otra vez… entonces tú decís…como que no cuaja”. (Pac 1)

“Ya tenía conciencia, una cierta conciencia, de que estaba mal, de que estaba en algo mal, que mi vida estaba totalmente mal, angustia también que se fue desarrollando en forma ascendente”.(Pac 2)

“Sí, sí… yo lo tenía súper claro, yo de hecho sentía que tenía un alcoholismo así fuerte, digamos”. (Pac 3)

“Yo sabía que estaba metido en algo complicado, sabía que no iba a poder salir solo y tenía la esperanza de poder tener una vida distinta”. (Pac 4)

“A lo que te lleva todo este consumo en los carretes, que siempre es medio sórdido al final de toda la cuestión y de repente llega un punto en que decís ‘estoy mal’’’. (Pac 5)

“Sabes que tienes que hacer algo. No sabes qué. Estás metido en el cuento, el elástico lo estiras hasta que se corta”. (Pac 6)

-“Me recuerdo cientos de noches en que yo decía ‘tengo que salir de esta cuestión, estoy mal’, entonces, y esos minutos eran de angustia terrible, porque lo único que querís es quedarte dormido”. (Pac 7)

Las personas que han desarrollado una adicción, entonces, saben que están mal, aunque no lo digan normalmente. ¿Por qué no consultan entonces? Porque la fuerza biológica de los deseos de consumir es muy fuerte. Esto lleva a que llegado el momento, ese saber que se está mal no se transforme en una petición de ayuda o en una decisión de hacer algo seriamente al respecto. Los pacientes lo relatan así:

“Tratai por las tuyas, y no podís, y de repente podía aguantar más tiempo y las recaídas son mucho más fuertes, entonces yo sabía que no podía tomar alcoholes destilados, entonces agarraba vuelo con unos compadres, nos íbamos para arriba y… métale piscolas… sabíai que no podíai, estabai consciente que no podíai… igual no más”. (Pac 1)

“Desde hace mucho tiempo, desde el momento en que empieza a ser algo progresivo, en que las cosas se hacen más frecuentes, ya no tan a lo lejos… ahí ya uno, uno se empieza como a cuestionar un poco el… realmente si tiene el control o no […] entonces uno empieza como íntimamente a pensar si lo tiene controlado o no, y, claro, se miente un poco, te decís ‘a ver, este fin de semana voy a tratar de no’… tratar de mostrarle a los demás un poco, cosa que normalmente termina no funcionando”. (Pac 2)

“O sea, imagínate pasar horas pensando, después de haberme drogado todo el día, eh… ‘yo ya no quiero seguir así’, pero teniendo conciencia de que a la mañana siguiente iba a estar de nuevo en la misma, porque no tenía nada, ni la voluntad, nada”. (Pac 3)

“Yo eh… tenía ganas de contarlo todo […] o sea, por una parte, necesitaba ese espacio, pero, por otra parte, también yo veía que eso iba a traer consecuencias y que se me iba a caer todo el mundo encima”. (Pac 4)

-“Hay una cosa de cómo uno lo siente, de antes… uno ya tiene la sensación. Cada vez que uno se manda una cagada, una cosa así, le viene un como ‘¿realmente estaré mal?, ¿estará realmente incontrolable esta situación?’… cosa que uno pensaba, pero quedaba ahí no más, o sea después se perdía”. (Pac 5)

“Lo que pasa es que esto es como… Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, es así, entonces cuando tú eres Dr. Jeckyll tienes la lucidez como para darte cuenta que Mr. Hyde es un enfermo, y lo más curioso es que eres la misma persona. Y eso te provoca miedo. Miedo el pensar el monstruo que tengo adentro. (Pac 6)

Es esta contradicción, o ambivalencia, la que hace necesario que los familiares intervengan en un principio para presionar a la persona adicta a que consulte. Los familiares pueden consultar primero sin el potencial paciente para ser asesorados en la forma en llevar a cabo este proceso.

Terapia de adiccion : cómo ayudar a otro

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